domingo, 29 de mayo de 2011

Mercado, Cohesión Social y Democracia

Mercado, Cohesión Social y Democracia
Por: Alejandro Delgado Vásquez

Introducción
Luego del retorno a la democracia en muchos de los países de América Latina a partir de los años 80 del siglo XX, había esperanzas de que ésta se fortaleciera a través del incremento en el grado de protección de los derechos políticos y civiles de todos los ciudadanos. Tal como lo expresa Iazzetta (2007), se buscaba que una sociedad civil latinoamericana fuerte pudiese convivir con un Estado fuerte y con una democracia fuerte, no en un esquema de suma cero, sino en uno en que todas se refuercen mutuamente. Sin embargo, O´Donnell (2002, p. 307) observa que hay una importante brecha entre la letra de la declaración de derechos presente en las constituciones y su real aplicación y práctica, lo que Pinheiro (2002, p. 16) denomina “democracias sin ciudadanía.” En este caso se puede visualizar una amplia diferencia entre la ciudadanía social y la ciudadanía política en el contexto de un marco institucional democrático, específicamente porque se ha logrado la consolidación de la democracia electoral, mas no la profundización y ampliación de la democracia a nuevas esferas de la vida pública, y por lo tanto, a la extensión misma del concepto de política y ciudadanía (Dagnino et ál., 2006, p. 9).
Por otra parte y complementando lo anterior, Ocampo (2004, p. 153), explica que las expectativas generadas por la puesta en marcha de forma simultánea de reformas orientadas a ampliar el papel del mercado en los procesos económicos de América Latina han quedado bastante insatisfechas, teniendo en cuenta que el crecimiento económico en general ha sido bajo y la reducción de la pobreza y desigualdad ha sido muy lenta. Por esta razón, y citando una encuesta de Latinbarómetro, Ocampo (Ibíd, p. 153) afirma que ésta situación ha generado un amplio descontento entre la población latinoamericana con la democracia y la economía de mercado, obteniendo estas un grado de satisfacción entre la población del 28% y 16% respectivamente, lo que se traduce en una pérdida del “sentido de pertenencia” de las personas y por ende en un importante esquema de inestabilidad política y social.

Problemática
¿Cuáles es el papel del Estado para promover el buen funcionamiento de la democracia y el mercado con cohesión social en América Latina?

Frase Plan
La llegada de manera simultánea de la democracia y el mercado a América Latina generó grandes expectativas con respecto a cómo ambas iban a promover el desarrollo económico y social equitativo e iban a promover la cohesión social. Sin embargo, los resultados de ambas han sido poco prometedores teniendo en cuenta que los derechos civiles no son cumplidos de forma igualitaria y la reducción de la pobreza y la desigualdad no se han cumplido. Por esta razón se propone el fortalecimiento de la co-responsabilidad del Estado y la Sociedad Civil en generar opciones democráticas que apoyan el proyecto nacional, al igual que instituciones internacionales con poder global que puedan disminuir las asimetrías en el marco de la globalización.

1- La llegada simultánea de la democracia y el mercado a América Latina

a. Las esperanzas puestas en la democracia
En América Latina, la mayoría de los Estados, luego de pasar por regímenes autoritarios, instauraron regímenes democráticos bajo los cuales desarrollaron constituciones donde se definen formalmente una pléyade de derechos políticos y civiles que propenden a promover la autonomía y la responsabilidad de cada persona legal de manera igualitaria (O´Donnell, 2002, p. 307). A través de dichas constituciones, los Estados latinoamericanos pusieron también en práctica formalmente mecanismos de protección de los derechos fundamentales e instituciones burocráticas por sus territorios, con lo cual buscaban generar certidumbre legal, accountability, sistemas de pesos y contrapesos, y acceso igualitario para sus ciudadanos al imperio de la ley (O´Donnell, 2002, p. 334). Con esto se esperaba que el Estado, como sistema legal, estructurara, estabilizara y ordenara las relaciones sociales, y como lo plantea Sorg (2008, p. XXII), que a partir de las normas y el derecho se promoviera la cohesión social. Existía entonces la esperanza de que el derecho al voto generara un sentimiento de responsabilidad autónoma que llevara a los individuos a ejercer sus derechos más allá del hecho de votar, ampliando así la democratización de la sociedad y del propio Estado (Cfr. O´Donnell, 2008, pp. 1-5; Cfr. Ocampo, 2004, p. 155). Adicionalmente, para Ocampo el reconocimiento de la igualdad jurídica de las personas se constituyó en el avance más trascendental de la era moderna ya que reconocer a quienes transan en el mercado como iguales ante la ley, al igual que los derechos de propiedad universales, son elementos esenciales para el buen funcionamiento de los mercados (Ibíd, p. 156).

b. Las esperanzas puestas en el mercado
Ocampo (2004, p. 154) por su parte agrega que es una coincidencia histórica que el régimen democrático haya sido puesto en marcha junto a la liberalización de los mercados en América Latina, al igual que en Europa del Este. En este caso, y de manera similar a Stiglitz (Cfr. 1999, p. 350), Ocampo explica que la puesta en marcha de políticas de mercado en América Latina se asienta sobre las teorías en contra de la acción gubernamental, las cuales afirman que ningún gobierno puede hacer mejor las cosas que el sector privado, dado que este cuenta con el incentivo de las rentas, y las intervenciones estatales eran vistas como una fuente de distorsiones al funcionamiento de los mercados e incluso como una restricción a los derechos de propiedad. Adicionalmente, y en teoría, con la apertura se promovería la tan anhelada convergencia económica, usando un modelo único de desarrollo aplicable en todos los países, donde los inversionistas nacionales comenzarían a exportar bienes no tradicionales, iban a invertir en tecnología con el fin de mejorar su posición en la frontera tecnológica y productiva con respecto al resto del mundo, y lograrían a aprovechar la competencia para aumentar su conocimiento, tanto técnico como gerencial (Cfr. Ocampo, p. 161). Se esperaba entonces que con la promoción de la democracia y el mercado los países latinoamericanos avanzarían hacia un desarrollo económico y social democrático que promoviera la cohesión social y la equidad (Cfr. Ibíd, p. 158).

2- Fallas del Estado en la aplicación de la democracia y el mercado

a. Fallas en la aplicación de la democracia
Sin embargo, la transición de América Latina hacia la democracia generó tensiones políticas, teniendo en cuenta que mientras ha habido una “consolidación fáctica de la democracia electoral”, también puede observarse una “profunda insatisfacción con los resultados de esas democracias en términos de justicia social, eficacia gubernamental e inclusión política” (Dagnino et ál., 2006, p. 15). Entre los problemas de la aplicación de la democracia en América Latina se encuentran la falta de acceso igualitario al imperio de la ley. Por otra parte, la aplicación de la ley no es igualitaria. Esto se puede notar observando las diversas maneras como las clases privilegiadas se eximen a si mismas del respeto por la ley, o como a través de su status social o conexiones, logran tener una relación con la burocracia del Estado mucho más sencilla y fluida para sus propios intereses, si se compara con los ciudadanos comunes, los cuales tienen casi que suplicarle al Estado para que haga efectivos sus derechos (O´Donnell, 2002). Finalmente, se cuenta con un Estado débil que es cooptado por la ilegalidad, donde se genera un sistema legal informal que es sostenido a través de la violencia o a través de políticas paternalistas, donde se promueve un modelo de “ciudadanía asistida basado en una ética de compasión, cuyas políticas sociales se focalizan sobre la pobreza y los grupos socialmente vulnerables, formando redes de contención que promueven el clientelismo electoral y el paternalismo social” (Iazzetta, 2007, p. 109). Esto se puede notar mediante la incapacidad del Estado, o mas bien, de las grandes ciudades latinoamericanas para unificar a los países a los cuales sirven de capital, lo que puede asociarse en cierta medida a lo planteado por O´Donnell (2008, p. 5) y De Sousa Santos (2004, p. 22) cuando hablan de la presencia de zonas marrones o zonas salvajes dentro del Estado. Por otra parte el Estado no ha podido constituirse como un ente que pueda mediar entre los intereses de los diferentes estamentos sociales, tal como lo identifica Lechnert (1985) y no ha podido centralizar el poder, como lo explica Lopez-Alvez (2003). Para Sorg (2008, p. XIII) y Ocampo (2004, p. 161), esta situación genera una cultura de fracaso y frustración colectiva que contribuyen al abandono del espacio público, a la pérdida del sentido de pertenencia y al fomento de discursos demagógicos, lo que atenta contra el crecimiento económico y la cohesión social.

b. Fallas en la aplicación del mercado
En cuanto a las fallas de la aplicación del mercado, se puede notar un atraso en cuanto a las políticas para insertar a la región en dinámicas modernas de la economía, enmarcadas en el proceso globalizador, específicamente si se tiene en cuenta que se sigue exportando en su mayoría productos con bajo valor agregado, tales como materias primas, la brecha tecnológica entre el centro y la periferia mundial aumenta, y la generación de conocimiento sigue concentrándose en los países actualmente desarrollados (Stiglitz, 1999). Adicionalmente, las políticas de liberalización no ayudaron a cumplir las metas para generar empleos formales y reducir la brecha entre los más pudientes y los menos favorecidos, lo que ha generado una mayor inestabilidad macroeconómica, y la destrucción de encadenamientos productivos y tecnológicos que bajan la productividad de la industria latinoamericana (Ocampo, p. 162).
Adicionalmente, las políticas para “adelgazar el Estado” propician que este tenga una baja participación en el PIB, en comparación con otras regiones del mundo (Ibíd, 2004, pp. 179-180), de manera que se encuentra recargado de objetivos a través de las constituciones, pero se lo ha dejado sin recursos para cumplirlos, produciendo de esta manera desequilibrios fiscales, al igual que el incumplimiento sistemático de los programas de gobierno, lo que tiene efectos negativos para la democracia y por ende para la cohesión social.

3- Propuestas para generar coherencia entre Democracia, Cohesión Social y Mercado

a. Fortalecimiento de la co-responsabilidad del Estado y la Sociedad Civil en el proyecto nacional
De manera similar a De Sousa Santos (2004, p. 41) cuando menciona que tanto el presupuesto como la fiscalidad participativos son piezas fundamentales de la nueva democracia participativa, Ocampo propone que el Estado fortalezca su papel como potenciador de un acuerdo fiscal “realizable” con la Sociedad Civil, teniendo como base a la democracia como diversidad. Esto con el fin de que los habitantes ejerzan su ciudadanía a través de una gran cantidad de opciones democráticas posibles y participen activamente en la toma decisiones y en el control de las acciones, tanto del Estado como de si mismos. Lo que se resume en la búsqueda de la igualdad entre diferentes con el fin de aumentar su sentimiento de pertenencia a la nación (Cfr. Ocampo, 2004, p. 159). Ocampo reconoce, de acuerdo a estudios previos, que una sociedad con mayor cohesión social e igualdad tiende a tener una mayor estabilidad, tanto económica como social, lo que se traduce en una mayor atracción para la inversión. Adicionalmente un contexto caracterizado por la estabilidad y la consistencia de políticas alarga el horizonte temporal de los individuos, las empresas y las autoridades, lo que facilita el funcionamiento de la democracia y el mercado (Ibíd, pp. 167-168). Por otra parte, Ocampo propone reducir el facilismo económico y potenciar instituciones nacionales que promuevan el buen funcionamiento del mercado, es decir, instituciones que propendan por generar unas reglas claras del juego donde las diferentes opciones (entre ellas los partidos políticos fuertes), de manera democrática y coordinada, compiten acorde a sus méritos y sus logros (Ibíd, p. 168). Además, esto incluye la labor del Estado como proveedor de manera adecuada de los bienes y servicios que la sociedad considera que deben recibir todos los miembros de la sociedad, tanto porque influyen sobre su bienestar, como porque potencian el desarrollo de sus capacidades endógenas, es decir donde el ámbito de lo público se concibe como el punto de encuentro de los intereses colectivos más que como un sinónimo de las actividades del Estado. Se puede notar también, que desde un punto de vista similar al de Aldo Ferrer (2005, p. 3) en su teoría de Densidad Nacional, Ocampo propone promover condiciones entre las que figuran la integración de la sociedad, liderazgos con estrategias de acumulación de poder fundado en el dominio y la movilización de los recursos disponibles dentro del espacio nacional, la estabilidad institucional y política de largo plazo, la vigencia de un pensamiento crítico no subordinado a los criterios de los centros hegemónicos del orden mundial y, consecuentemente, políticas económicas generadoras de oportunidades para amplios sectores sociales, protectoras de los intereses nacionales y capaces de arbitrar los conflictos distributivos para asegurar los equilibrios macroeconómicos.

b. Instituciones internacionales democráticas
Finalmente, Ocampo reconoce que las economías nacionales están inmersas en un esquema de economía globalizada, donde existen gran cantidad de asimetrías debido a su carácter anárquico y porque no hay un gobierno global que regule correctamente al mercado y provea de manera adecuada y democrática los bienes sociales requeridos para que exista cohesión social global. Situación que genera tensiones y dificultades dentro de los Estados para cumplir sus metas de desarrollo económico y social endógeno, al igual que erosiona la capacidad de acción de los gobiernos (Cfr. Ocampo, 2004, pp. 187-190).
Adicionalmente, y de manera similar a lo expuesto en la parte dos de éste escrito, pero a escala global, hay una amplia diferencia entre lo escrito formalmente en declaraciones y convenciones globales, tales como los derechos humanos o la reducción de la contaminación, y la realidad de su aplicación. Por esta razón, Ocampo propone, siguiendo a de Sousa Santos (2004, pp. 35-36), la creación de instituciones internacionales con poder global que regulen dichas asimetrías, entre las que se pueden destacar las relacionadas con el movimiento de capitales golondrina que no tienen un carácter nacional, sino que utilizan la especulación para generar dinero con dinero, dejando a un lado la generación de bienes. Para Ocampo, esto implica que una función de los organismos internacionales es “apoyar las estrategias nacionales que contribuyan a reducir, por vía de la ciudadanía política, las profundas tensiones que existen hoy entre el principio de igualdad y el funcionamiento de los mercados globalizados” (Ocampo, 2004, p. 190). Esto con el fin de contribuir a crear una cultura de responsabilidad y exigibilidad política frente a los compromisos internacionales adquiridos que promueva el desarrollo económico global, al igual que la cohesión social.

Conclusión
A partir de lo descrito hasta este punto, se podría concluir que la democracia y el mercado no han cumplido sus objetivos y los Estados latinoamericanos no han podido incluir en su agenda el trabajo simultáneo en sus 3 dimensiones, entre ellas su papel en el desarrollo económico, la gobernabilidad democrática y la equidad social. Esto debido a que los mismos han buscado afianzar la democracia a través de constituciones - bajo un régimen político democrático - las cuales definen formalmente los derechos, tanto políticos como civiles de los ciudadanos, pero se ha dejado a un lado el papel del Estado como garante de la inclusión social. Adicionalmente las fuerzas del mercado no han sido adecuadamente reguladas para que este en realidad funcione, lo que se traduce en ineficiencia y baja competitividad económica en comparación con la competencia global, en una mayor concentración de los ingresos y en un aumento de la pobreza y por ende una baja cohesión social.
América Latina entonces tiene un gran reto por delante, especialmente en la generación de confianza en sus instituciones por parte de la población, con el fin de generar objetivos realizables, más allá de los formalismos, en conjunto con una Sociedad Civil con un alto sentido de pertenencia por la nación y donde la democracia es diversidad. Por esta razón, Weffort plantea que “la democracia es el único camino para la modernidad” (Weffort, 1995, p. 92). Sin embargo, y como el mismo autor expone, la modernidad no está asegurada para ninguno de los países latinoamericanos y no es extraño que en algunos casos, fenómenos como el estancamiento económico, la disgregación y la degeneración, influyan en un posible retorno del autoritarismo o de regímenes aún peores (Weffort, 1995, p. 92).

Bibliografía
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WEFFORT, Francisco C., La América Equivocada. Apuntes sobre la democracia y la Modernidad en la crisis de América Latina, en: “América Latina a fines del Siglo”, José Luis Reyna (Comp.), México: FCE, 1995, p. 399-431

1 comentario:

  1. Por fin tuve la oportunidad de leerlo...
    muy bueno felicitaciones

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